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Decide Outcomes, Delegate Actions

Hace unos meses tuve que tomar una decisión que me dio bastante guerra: aceptar un trabajo de media jornada, bien pagado, pero con horarios complicados, o seguir centrado solo en la carrera. El trabajo era tentador: dinero fijo cada mes, experiencia para el CV y la sensación de “estar ya en el mundo real”. La parte negativa era clara: turnos por las tardes, fines de semana y la posibilidad de que las notas bajaran justo en un curso importante.

Al principio mi “método” fue el más simple: deliberar. Me senté un rato a organizar toda la información: cuánto cobraría, cuántas horas, cómo encajarían las clases, qué asignaturas llevaba más flojas, qué riesgos veía. Hice una lista con las cinco cosas más importantes que la decisión iba a afectar (tiempo de estudio, dinero, salud, vida social y opciones futuras) y, para cada una, apunté qué pasaba si aceptaba el trabajo y qué pasaba si lo rechazaba. Fue una especie de “ponderar por importancia”: para mí, en ese momento, las notas y el estrés pesaban más que el dinero rápido.

Luego pasé a otro método de la lista: consultar a otra persona. Hablé con mis padres y con un profesor con el que tengo confianza. Mis padres se centraron más en la parte económica (“el dinero nunca sobra”), mientras que el profesor me recordó que ese curso era clave y que una bajada de media podía cerrarme puertas más adelante. No tomaron la decisión por mí, pero sus opiniones me ayudaron a ver ángulos que yo no estaba valorando, por ejemplo el cansancio acumulado o el riesgo de alargar un año más la carrera.

Al final, la decisión no fue ni por azar ni por impulso puro, pero sí reconozco que el instinto también tuvo peso. Después de darle vueltas, la sensación interna era que el trabajo me iba a “comer” más de lo que pensaba. Así que opté por rechazarlo y buscar algo más flexible para el verano, cuando acabaran los exámenes. Mirando en retrospectiva, creo que usé una mezcla de métodos: deliberación con datos, lista de factores importantes, consulta a otras personas y un punto de intuición. Podría haberlo decidido por votación entre amigos o simplemente dejar que el tiempo pasara y que la oferta caducara sola, pero eso habría sido esquivar la responsabilidad. Tomarlo de forma consciente, aunque costara, me hizo sentir que la decisión era realmente mía y que estaba dispuesto a asumir sus consecuencias.